Radiografía de una agencia de publicidad by @MikeMiguelez

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Como quien entra por primera vez en un lugar, abres la puerta despacio esperando no dar a nadie ni a nada. La ráfaga de aire caliente que te atiza en toda la cara delata que ya es invierno. Con la puerta sujeta das un paso, luego otro, te paras en la entrada a coger aire y miras a ambos lados. Parece que no hay nadie, qué raro… Dejas que la puerta golpee al cerrar suavizando así el bochorno del lugar. Avanzas hacia una zona donde poder ver todas las mesas de tu equipo y confirmas tu teoría, aún no ha llegado nadie.

Al llegar a la silla dejas todos los bártulos y te percatas de que no eres el primero, que hay un compañero que ha llegado antes. No te extraña la verdad, si es que siempre está ahí antes que nadie, menudo cuentas, siempre se va el último y viene el primero… Más de una vez has pensado que duerme ahí, bajo la mesa arropado con los briefings y las órdenes de compra que no paran de llegarle.

De camino a la cocina te cruzas con unos chicos que van a hacerse el primer café de la mañana, siempre con su puntualidad suiza, siempre con su sonrisa en la cara. Da igual si ayer eran las 10 de la noche o si hoy ya tienen una cola de trabajo de hoja y media, te dan los buenos días como si llevasen un año sin verte, como si supieran que necesitas esa bocanada de felicidad mañanera. Tras devolverles tu mejor sonrisa vuelves a tu ordenador.

Mientras se instalan las últimas actualizaciones de Windows, la mayoría de los ausentes empiezan a llegar en una perfecta fila desordenada hasta ocupar el último espacio vacío. Cada uno con su cara marcada por las sábanas o por las copas de anoche, esas ojeras que delatan hasta a los que no pueden dormir porque el niño ha dado guerra la noche anterior. No es necesario ni abrir la boca, esa mirada matutina te hace ser el cómplice del mejor saludo. Un buen status por la mañana para ahogar las penas en coñac, de esos que se tienen que escribir en una pizarra blanca porque en un folio no caben.

El equipo de producción siempre al teléfono, al teclado y a los 2.000 post-its pegados hasta en los interiores de los cajones. En su alarde de coordinación son capaces de desprender una mano de sus tareas e invitarte a chocar los 5 como señal de que están listos para lo que venga hoy, siempre dispuestos.

Entra un nuevo mail, ups parece que el cliente ha vuelto a cambiar el brief, vamos a contárselo a los creativos… Pero es que ya hasta huyen (aunque sinceramente no te extraña…). Al final consigues que te hagan caso y les cuentas las novedades. Todos los presentes sabéis que es imposible hacer lo que el cliente quiere, no vaya a quedar bien, por eso dicen que le darán una vuelta y tratarán de proponer una alternativa. Aunque ambos sabemos lo que acabará saliendo.

Parece que quieren hacer una acción 360 que sea respaldada con una acción en Redes Sociales, por suerte tenemos un equipo en la planta. De camino al lugar te encuentras con compañeros, la mayoría majísimos, que te van dando los buenos días y les vas replicando sin ubicarles exactamente, ¿este era de Social o PR? Bueno, están todos muy juntos así que muy equivocado no estarás…

Tras poner en orden las prioridades de los proyectos te das cuenta que ya va llegando la fecha mensual, esa cita tan inoportuna como necesaria. El miércoles toca salir a comer con los compañeros de agencia, dejen los tuppers en casa y salgamos de la agencia un rato. Es miércoles de desconectar.

Guarda esta radiografía, que no la vea tu médico, no se la cuentes a tu madre, ni mucho menos a un amigo. Todos te dirán que eso no es normal, que a la larga puede derivar en un tratamiento con psicólogo, o incluso que es tarde, que ya estáis todos locos. Si llega el día, mírales fijamente a los ojos y diles con voz clara lo que todos a estas alturas pensamos cada día en la agencia,«hemos venido a jugar, ¿no? Pues juguemos».

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