Los verdaderos hombres (y mujeres) de Madison Avenue by @MikeMiguelez

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Como si se tratara de una tira cómica, cada personaje que te encuentras en una agencia de publicidad son caricaturas excéntricas, dibujadas a mano alzada con un lapicero 2H como un boceto rápido, sin marcar, pero con una personalidad tan apisonadora que acaban cobrando vida propia y atrayéndote cada vez más. Sin darte cuenta, incluso sin quererlo, acabas siendo adicto a estas viñetas, a los lienzos que van pasando y no quieres dejar de mirarlos.

Como quien ve una película en la que el propio periodista se disfraza de detective para conseguir la primicia incluso antes que la propia policía, o incluso porque el cuerpo policial no es capaz de ver la secuencia narrativa de un suceso y en cambio el escritor si. Igual, así es como puedes ver a los copys de las agencias, siempre huyendo de los briefs (si es que a eso se le puede llamar brief) para poder concentrarse en escribir una nueva entrada en su blog, o una reseña de la última película en V.O. que ha visto en un cine antiguo. En contados casos, podrás verles con un borrador de la novela en la que llevan trabajando media vida, que ha recibido más cambios que la última pieza de la campaña, pero que sigue puliendo para que cada coma puesta en la hoja tenga su por qué, su razón y, sobre todo, su objetivo de significar lo que exactamente él quiere que signifique. Es consciente que muy posiblemente no acabará editando su borrador, pero le encanta dedicar su tiempo, cuerpo y alma a lo que en el fondo le llena por dentro, su amor a la escritura.

Como cual apasionado de la fotografía, siempre con una réflex a mano y con horas y horas de uso a sus espaldas, buscan en todo lo que hacen esa coherencia artística y visual. No pueden ver algo y evitar entornar los ojos para sacarle el más mínimo destello que se ve en el fondo desenfocado, porque aunque pudieran evitarlo no quieren, es un defecto de profesión. Porque hacer la propuesta del próximo lanzamiento de un producto de una reputada marca trasnacional no es exactamente lo que quisieren hacer los directores de arte, sino tener al día su Instagram con sus increíbles viajes exóticos, una casa minimalista pero cuidada hasta el último centímetro, coger nuevas ideas en los bares de Malasaña y en los mercadillos urbanos. Porque la belleza la encuentran donde la gente normal no nos damos ni cuenta, ni lo haríamos aunque nos lo señalasen.

Como si de un friki de la tecnología y de las personas, con 1 o 2 móviles encima, además de una powerbank no sea que se quede incomunicado. Siempre con la barra de notificaciones llena, caóticos en su gran mundo organizado a su imagen y semejanza, parece que el mundo real se les queda pequeño y por eso necesitan estar hiperconectados. Siempre con un ojo enseñándote las últimas tecnologías, la mayoría absurdas, y con el otro controlando el feed de Twitter y Facebook, no sea que hayan vuelto a actualizar la política y haya que modificar la estrategia. Los Social Media son esta clase de personas que nada más conocerte ya te están buscando en las redes, necesitan saber de ti e incluso conectar contigo.

Como si de un maniático de la organización se tratase, siempre encargándose de organizar a todo el grupo para la cena del fin de semana, para ese evento familiar o simplemente para cómo ir a comprar unas cosas el jueves. No hace falta que nadie se lo pida, directamente ellos se montan su planning mental de cómo se debe hacer, cuándo es mejor, cuántas personas sería lo óptimo, qué va a ser necesario, cómo repartir los roles entre todos, y lo más importante, cuánto puede costar. Siempre con al menos 2 alternativas para valorar con cual plan da mejores resultados. Sin que te des cuenta, los producer te valen para todo, igual te fríen un huevo que te planchan un calcetín. Porque no pueden sentarse a esperar que los demás lo hagan todo, se les empieza a hinchar la vena que les recorre la sien y necesitan decir que no es así como debe ir.

Como el sparring de boxeo. Muchas veces convertido en el malo de la película, como quien busca siempre peleas con todos y aunque quiera solucionarlo solo sabe meter la pata cada vez más. Siempre entre la espada y la pared, especialista en poner sonrisas aunque quiera llorar, señalado por querer mandar en todo y él no hacer nada, experto en comerse marrones sin importar el día ni la hora. Envidiados por su inagotable paciencia, los cuentas también son odiados por su capacidad de poner la mente en blanco y poner en marcha el mono tocando los platillos.

Como si se tratara de una tira cómica, cada personaje que te encuentras en una agencia de publicidad corresponde a una simpática caricatura. Porque en publicidad te das cuenta de que las personas del sector son artistas, friquis, ingenieros, escritores, apasionados, arquitectos, maniáticos, deportistas, visionarios o  simplemente trabajadores, todos y cada uno de ellos disfrazados de publicitarios.

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