El mágico suceso de los New Business by @MikeMiguelez

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Cual hombre con apariencia de haber sobrevivido a más de una guerra, sacando una zanahoria de su chistera para atraer al conejo y atraparlo en el doble fondo de aquel sombrero que parecía más grande desde fuera. Como el ruido del maíz al estallar y convertirse en palomita, o el tronador sonido de tubo de escape de un coche con más años de uso que su joven conductor.

Al hablar se llena la boca al pronunciar el nombre de ciertas marcas: es una empresa trasnacional, presente en más de 40 países, cada dos por tres está en televisión anunciando sus nuevos productos y enfatizando su posición preferente en su sector, ganó el año pasado más de un premio de esos famosos y salieron en todos los medios del sector. Además, ¿has visto su inversión en medios? Ahí hay recursos para hacer realidad los sueños más húmedos de cualquier director creativo.

Como sin esperarlo, de pronto te ves en una reunión en la cual se cuenta el propósito de la misma, hay un new business y es de vital importancia la dedicación de todos los implicados para ganarla. No valen excusas, no te puedes escaquear como de aquella reunión. La cúpula directiva de la agencia estará supervisando este proyecto ya que nos jugamos mucho. Tras unos pocos pero muy intensos días para preparar una propuesta que les deje con el mentón descolocado, parece que llega el momento de sacar ese polvo mágico con el que conseguir meterse en el bolsillo a cualquiera en la sala.

Tras unos días sin novedades, se acerca en el calendario la fecha señalada en rojo. Parece que el próximo lunes se dice si se ha ganado la cuenta, si entramos a formar parte de la misma familia y existe una mutua confianza la cual permita desarrollar un estupendo proceso de desarrollo comunicativo con pretensiones de ser el nuevo “Just do it” de la profesión publicitaria. Todo el mundo tiene buenas vibraciones, incluso hasta el mensajero de la agencia sabe que esa cuenta será nuestra.

Lo previsible se hace realidad, tenemos un nuevo cliente al que agasajar, al que querer y cuidar. El primer gran reto es descubrir que por dentro no está hecho de mármol como la fachada exterior, que tiene que hacer unas obras de acondicionamiento y por lo tanto eso va a repercutir en su presupuesto destinado a Marketing. El segundo reto que debe ser atendido es hacer un cambio en su posicionamiento estratégico en el sector, necesita buscar un nicho que no haya sido explotado por la competencia que le permita llamar la atención de nuevos clientes, a poder ser un poco más jóvenes y que decidan gastar un poco más en su empresa. El último reto, y sin duda el más difícil, es hacer realidad el oro y el moro que prometiste en aquella presentación de agencia, cuando te pasaste de polvos mágicos y con un Aquarius en la mano te viniste arriba.

Pasan los meses y ves que te ahogan los plazos, que el departamento de producción no ve viable hacer realidad la campaña que ha pensado creatividad, los presupuestos cada vez son más desorbitados y la carpeta de asuntos pendientes está a rebosar de mails.

Lo que se anunció meses atrás por todo lo alto, la nueva relación que nació y el floreciente camino que tenían por delante, ha llegado a ser el parto de la burra acentuado con el desgaste de los rifirrafes y tensiones del día a día. Ahora ya nadie pregunta qué tal va, ni si han aceptado la nueva propuesta de campaña, ya no importa si se ha subido la facturación o si se ha ganado un premio más con el cliente. Cada vez la tensión es más fuerte y distante, correos electrónicos más fríos que un hielo recorriendo la espalda. Llega el día de despedirse pero nadie en la agencia se entera, no hay una fiesta ni verbena para anunciarlo. Como cuando Raúl se marchó del Real Madrid, sin hacer mucho ruido y por la puerta de atrás. No queremos que nadie lo sepa.

Para distraer a toda la agencia, nos metemos en otro new business así estarán tan ocupados con el nuevo cliente que la despedida solo pasa por un mail rápido pero cargado de emotividad: “A partir del día 31 de este mes que cumplimos contrato con vosotros, nuestra publicidad la gestionará otra agencia. Saludos”. Vagamente llega al correo de los Cuentas, pasa sin pena ni gloria, pero llegados a este punto, ¿a quién le importa?

 

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