De dos en dos by @MikeMiguelez

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De dos en dos, van cayendo como parejas de fichas de ajedrez. Como si fuesen piezas defectuosas que tienen que ser remplazadas para que la maquinaria no deje de funcionar, para que no deje de rentabilizar.

Es curioso observar cómo han ido evolucionando las ofertas de empleo en los últimos años. Se han ido especializando cada vez más, siendo más exigentes con la formación y filtrando a través de una condición de experiencia previa mínima, para ser becario en una agencia o anunciante.

Ves como tienen que hacer malabares con su universidad o, en la mayoría de casos, apuntándose a cursos online con dudosa formación real (que sólo sirven para poder hacer convenios con las empresas) y así poder entrar en la noria de este mundillo. Para más inri, algunas agencias están bendecidas por San Publicito y se permiten el lujo de no pagar a sus becarios. Como si estuviera haciéndoles un favor por darles una oportunidad de trabajo cuando la realidad es que necesitan a ese joven porque será el encargado de sacarles la gran mayoría del trabajo diario. Aunque no todas son así, otras te pagan el abono transporte para que al menos no todo sean gastos. La mayoría de agencias cree justo ofrecerte un salario de 300€ por 40 horas semanales más horas extra sin remunerar ilimitadas. Y por último, las más afortunadas, te ofrecerán la suma de 600€ al mes, que entre todas las anteriores que quieres que te diga… Es la que más se ajusta a la compensación equilibrada en la relación trabajador-empresa.

Después de un convenio de 6 meses en la agencia, ves como el nerviosismo se apodera de sus gestos, se le acaba el convenio al pobre becario. A pesar de haber rendido en su puesto de trabajo no sabe si será contratado porque la cosa está muy complicada… El mismo día de que su contrato finaliza le comunican la “gratificante” noticia de que cuentan en la agencia con él, que están muy contentos y que van a renovarle con otra beca, con otros seis meses re-demostrando su validez.

Hace piña con todos sus compañeros, es uno más de la familia. Está contento con su rendimiento y su valoración interna, aunque le frustra la poca evolución de su carrera, la falta de estabilidad y la necesidad de un salario mínimo para poder independizarse. Y es entonces cuando llega su aniversario en la agencia, parece que fue ayer cuando entró por la puerta de la agencia y ya ha pasado 1 año. Esta vez, convencido de que se quedará en la empresa empieza a hablar con sus superiores y éstos le transmiten una cierta calmada intranquilidad, con sutileza le hacen saber que están encantados con él, que no hay ni un solo pero en su trabajo, aunque la aprobación de su contratación no depende de ellos y que en este momento no sabrán si podrá quedarse. Su preocupación aumenta a medida que llega el día, y esa misma semana le comunican que no podrá continuar en la empresa, que las incorporaciones a la plantilla en ese momento son imposibles.

Resignado, les pide una carta de recomendación y se pone a buscar una nueva agencia, un nuevo sitio donde poder encajar. En ese momento, es cuando se para a pensar en el tiempo que estuvo allí, la cantidad de becarios que llegaron y se fueron, él nunca pensó que le pasaría a él, nunca le prestó demasiado interés.

Y entonces recuerda lo que un día le dijo un experimentado becario que ya se marchó, lo peor de todo esto es que no le pasa a uno solo, sino que pasa de dos en dos, que vienen como se van. Que ya se cansó de entablar amistad, si para qué… Seguramente uno de los dos se irá en breve, pasando por una y otra empresa almacenando un currículum de varias paginas. Como si fuesen piezas defectuosas que tienen que ser remplazadas para que la maquinaria no deje de funcionar, para que no deje de rentabilizar.

 

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