“Cortita y al pie” by @MikeMiguelez

cortita y al pie

Como en el fútbol, en las agencias de publicidad hay que saber jugar en función del equipo o cliente que tengas delante. Tienes que adaptar tu estrategia, tu técnica, tus coberturas y tu tipo de juego a las condiciones del partido.

Pitan el inicio del partido y quieres ir a morder, ese gol tempranero que te da la tranquilidad de afrontar el partido desde una posición ventajosa. Le has presentado una idea con la que no contaban, fresca, creativa. Les has pillado a contrapié y no han podido decir que no; hay que valorarla, eso ya es un gol.

Aunque vas ganando en el marcador no quieres que se ponga en contra y, a pesar de rebajar tu intensidad de juego, apuestas por seguir acechando la portería rival, a ver si con un segundo gol todo se tranquiliza y puedes destensarte un poco. Propones, haces status semanal, ofreces más alternativas y datos de viabilidad, respaldas con benchs, con cases… Que no les dé tiempo ni a planteárselo, que no se acerquen al área.

En uno de tus descuidos abres hueco en defensa y se te cuelan. La has cagado. Has dejado un pasillo al delantero rival, puede que no sepa jugar al fútbol, que no tenga una preparación de primera división ni que haya sido entrenado en condiciones, pero ahí está solo ante tu portería y en ese momento tu portero se ha ido a por uvas. Quieres creer que lo fallará, pero a esa distancia es imposible. El cliente te dice que puede ser, pero con un cuarto del presupuesto, que debe hacerse en la mitad de tiempo. Te dice que le gusta la idea, pero que ha tenido una idea mejor, quiere adaptarla para otro proyecto con unos “pequeños cambios” para así poder reutilizarlo. Tú, sin saber cómo reaccionar, te lo has comido.

Se ha acabado la primera parte. En el descanso el entrenador te zarandea, no te dejes pisar. Cubre tu zona, defiéndela y aprovecha los puntos débiles del contrincante, no se puede escapar este partido. Tienes que salir a comerte el mundo, vas a salir a comerte el mundo. Después de hacer bien los deberes te presentas en la reunión con un giro inesperado, con una justificación que les va a dejar sin habla, con una propuesta que no van a poder rechazar.

Pero justo cuando inicia la segunda parte te cae la primera en la frente. No sabes por donde ha venido, pero ni siquiera te ha dado tiempo a atarte las botas. El cliente ha montado su propio “frankestein” entre tu idea y su fantasía. Cuando lo ves solo puedes tragar lentamente saliva mientras te recorre un escalofrío por la espalda. Ha destruido tu campaña, ha cogido la columna vertebral, la idea central y le ha quitado todo el sentido. Pero te lo muestra seguro de sí mismo, convencido de que sabe lo que se hace.

Entonces el otro equipo se encierra atrás, bascula bien, tienen tíos altos que despejan todos los balones aéreos y te ganan en carrera. Es el momento, sabes que tienes que jugar con la precisión de los expertos cazadores, nada de patadón y a correr. Los pases cortos, hacer circular el balón rápido para obligar a abrir huecos, algún cambio de intensidad para pillar en horas bajas al contrario. Y es que si alguien sabe de esto son los creativos, recurres a ellos como quien saca los cambios frescos al campo. Haces piña con ellos, les explicas la situación aunque no hace falta porque ellos saben lo que nos estamos jugando.

Y cuando está a punto de llegar el final del partido, justo esa última baza que has decidido jugar da resultados; un pase del centrocampista al delantero centro que se desmarca en diagonal hace que nadie se espere que la pelota acabe entrando. Cuando todos daban por cerrada la reunión surge esa chispa creativa que le brota imparable de la garganta para soltar un chorreo que ni él mismo puede controlar. El cliente desbordado, que no sabe por dónde le vienen ya, termina por ceder ante tal situación y empieza a satisfacer sus necesidades a medida que sigue escuchando. Ya lo tienes.

La ejecución ha sido perfecta, el cliente te acaba pidiendo la camiseta al final del partido. Quiere llevarse un buen recuerdo y guardarlo en su armario para tener presente que aún estás en forma, que has llegado y has ganado. Lo reconoce, te respeta y no cuestionará tu capacidad y solvencia… hasta que volváis a jugar el siguiente partido. Mientras tanto disfruta el sabor de la victoria y, sobretodo, recuerda que ha sido gracias a esa táctica combinada entre departamentos de la agencia, siempre cortita y al pie.

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