“Cada vez que lo pienso…” by @MikeMiguelez

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Siéntate en el sofá y enchufa la tele. De verdad, enciende esa pantalla que tienes tan olvidada y ponte a hacer zapping. No hace falta que busques un programa o una serie: simplemente haz zapping. Fíjate en los anuncios que están pagando una barbaridad para tener una presencia que nadie quiere ver. Dales el protagonismo que han pagado, que creen merecer. No sé vosotros, pero todas las personas que conozco del sector, cuando empezamos a trabajar en publicidad decíamos lo mismo “vaya mierda de anuncios hay en la tele”, y vaya que si los hay. Entonces nos poníamos el reto personal de mejorar la publicidad de este país: “nosotros no haremos basura, nosotros vamos a hacer anuncios de calidad”.

Cada vez que lo pienso, me digo a mí mismo: ¡qué ilusos! Cuando entras a trabajar en una agencia, con la ilusión desmedida de hacer la próxima campaña del lanzamiento del último modelo de Renault, te das cuenta de que tú no vas a tocas esa campaña. Ni por asomo, y es precisamente por dos motivos: eres nuevo y becario. Doble revés. Además, en la mayoría de veces estas campañas vienen de la sede internacional. Como mucho, la agencia solo deberá pensar una cartela en español o un copy para el doblaje del vídeo heredado.

Ellos no lo pensaban. Eso es lo que te decías a diario, pero… ¿es que no hay nadie que se de cuenta de que esto no le va a interesar ni a los que nos dedicamos a esto? Y es que la publicidad ya no es lo que era. Antes (te hablo de la tele en blanco y negro donde solo había 2 cadenas y ni hablemos de Internet) la gente se divertía viendo la publicidad, era la única forma de conocer los nuevos productos o servicios, eran parte del cometido de entretener que tenía la caja tonta. Pero ahora, con toda la sobreexposición a la publicidad y con tanta saturación de información, las personas huimos de los anuncios, los pesados anuncios que nos cortan la película que queremos ver justo en el mejor momento.

Y por ello, cuando te dejan meter la cabeza en estos brainstormings, cuando te sueltan un brief para una nueva campaña es cuando preguntas por qué se hace así y no se dice otra cosa, pero la respuesta es la de siempre: “es lo que el anunciante quiere, el cliente manda. No, no y no. El cliente no manda, el cliente paga a unos profesionales para que le oriente y le recomiende cómo hacer una correcta comunicación.

Y es que cada vez que lo pienso, ese argumento no vale para nada: el cliente que verdaderamente cree en su agencia de publicidad es como un unicornio. Todos hablan de él pero nadie lo ha visto. Es difícil, mucho. Principalmente porque estamos hablando de dinero y no se quieren arriesgar a una idea que ha tenido su agencia salga mal y ese dinero invertido no sirva para nada. En segundo lugar, aunque no menos importante, es el ego de pensar que como eres el cliente conoces tu empresa, tu negocio y tu sector mejor que nadie. Es un poco como los abuelos: no va a llegar un niñato para enseñarles que no hace falta esperar a mañana para poder bajar al kiosco y comprar un periódico para enterarse de las noticias, que basta con meterte en Internet para enterarse de todo más rápido, más barato y más cómodo.

Hasta que los anunciantes no entiendan que la publicidad tiene que volver a entretener para que sea útil, relevante y de interés para los consumidores seguiremos haciendo zapping cuando llegue el mejor momento de la película, o dejaremos de verlas en la televisión y saltaremos a otros formatos que nos permitan evadirla.

Benditos, ¿vosotros sois de hacer zapping publicitario o zapping de entretenimiento? Si queréis podéis compartir con nosotros esos anuncios que son emitidos en televisión y merece la pena disfrutarlos entre pausa y pausa publicitaria.

Miguel A. Miguélez

1 Comentario

  • Buenos días, o tardes.

    Este artículo me ha gustado mucho porque da en el clavo de la diferencia entre el amateur y el senior. Ahora voy a contaros mi historia, es muy larga, igual si os sentáis estáis más cómodos =)

    Todo comenzó en 2011. Por aquél entonces eso de la crisis ya se notaba, pero tuve la suerte de caer en una empresa magnífica. La oferta pedía ser Ingeniero Superior titulado, inglés nativo y otras gilipolleces a las que, por aquél entonces, no llegaba ni de coña. ¿Se puede usar tacos aquí? A lo que iba: me cogieron a la semana de echar la candidatura y tras una única entrevista de trabajo. Puedo presumir de dos asuntos yo: si he ido a una entrevista de trabajo, me han cogido (en ocasiones, para un puesto superior al mencionado); y que he dejado todos los trabajos que he tenido. Es decir, que tengo una flor en el culo, esperemos que con todo lo que pasó a continuación no se haya caído de su posición.

    ¿Por dónde iba? Ah, sí. Me cogieron en esta empresa, de becario para el departamento de ingeniería. A los tres meses me hubiesen hecho ingeniero en prácticas, pero yo no tenía el título, y mi beca duró seis. Tampoco me supuso un trauma pero, eso sí, al segundo mes de estar allí yo ya no trabajaba de becario. Tras la beca me hicieron ingeniero en prácticas. Para el que no lo sepa, hay dos años de prácticas, con dos sueldos diferentes. Esta empresa me concedió el sueldo más alto (el del segundo año). Joder, cómo molaba.

    El problema es que esta empresa maravillosa y onírica tenía un tumor bestial en forma de dueños. Durante los trece años que había estado abierta, el dueño de la empresa se había ido llevando hasta un total de 8.000.000 EUR (ocho millones de euros). La empresa era grande, pero no tanto como para que ese roto no nos afectase. Comenzaron los impagos, y a los dos años la situación fue insostenible. A mí me deben (tan solo 7.000 euros), pero hay quien se ha quedado en la calle por ellos.

    De modo que me fui a otra empresa que se levantó con la caída de la primera. Lo cierto es que tardé menos de una mañana en cambiarme, visto a dónde iba a ir la primera.

    La segunda tenía dos carencias: para empezar, no dominaba el mercado. Eso, y que el jefe que nos pusieron era un antiguo compañero de la primera empresa: majísimo, trabajador, e irresponsable como coordinador de equipo. Me contrataron, para desarrollar el trabajo de un ingeniero, como “Asistente de oficios varios”, y me pagaban 900 euros mensuales. De los 1.400 EUR que me pagaba la anterior en condición de prácticas había un trecho importante.

    El caso es que hubiese seguido trabajando en esa empresa si me hubiesen dado más responsabilidades e igual sueldo. Yo lo que quería era que dejase de perder dinero a raudales. Tras tres meses estuve enviando una vez a la semana un informe operativo y táctico (líneas estratégicas totalmente definidas en el día a día, no generales) que ahorraban un 25% del gasto de nuestra delegación. Creo que nadie llegó a leerselo en ningún momento, porque yo era el de abajo.

    De esto hace año y medio. Evidentemente, me fui, levanté un blog y puse publicidad en él hasta que saqué mi libro. Momento en el cual eliminé la publicidad. Ahora me mantengo realizando trabajos esporádicos de suplencias para tener algo de capital, juego en bolsa y gano dinero con el libro.

    Además, lo estoy traduciendo a cuatro idiomas, y cada traductor no es un subcontratado: pasa a ser socio del proyecto, y cobrará (de por vida) un porcentaje de los ingresos. He aprendido que la gente se motiva solo si puede opinar, si puede participar, si es tomada en cuenta. Si puedo, no cambiaré mi modelo de trabajar, y no habrá un arriba o un abajo, ni estúpidas redes piramidales. El trabajo saldrá adelante porque todo el mundo ganará haciéndolo, y escuchar a los que entran nuevos puede ser lo que salve la empresa mañana.

    Disculpad por ocupar tanto lugar en vuestra web, pero me apetecía completar con mi experiencia este artículo =)